Apego mal entendido y bien entendido
Voy a dejar en la recámara la entrada que tengo a medio escribir sobre las ciudades para intentar hacer un ejercicio acerca del apego.
Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado que siento un apego casi enfermizo en algunas parcelas mientras que soy muy desapegado en otras. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.
Pero espera un momento... El apego, como cualquier otro concepto, necesita de una definición. Echemos mano de la RAE.
Apego. (De apegar). 1. m. Afición o inclinación hacia alguien o algo.
A primera vista no parece un concepto peligroso.
Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado que siento un apego casi enfermizo en algunas parcelas mientras que soy muy desapegado en otras. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.
Pero espera un momento... El apego, como cualquier otro concepto, necesita de una definición. Echemos mano de la RAE.
Apego. (De apegar). 1. m. Afición o inclinación hacia alguien o algo.
A primera vista no parece un concepto peligroso.
Y no lo es de por sí.
¿Cómo entendemos esto las personas? Mi respuesta es que tenemos una manera equivocada de afrontarlo gracias a un elemento común en nuestras relaciones: la posesión. El mío y el nuestro.
¿Y cuándo entra en juego la posesividad? No creo estar descubriendo América con esto, pero igualmente lo diré: las personas no somos posesivas con aquello que queramos o deseemos mucho sino con aquello que tememos perder. Puede parecer lo mismo pero no lo es. Lo repito: no se es posesivo con aquello que va a continuar ahí, sino con aquello que se considera que puede estar en peligro de desaparecer.
Es una manera algo retorcida de entender las relaciones, con los demás y con uno mismo, pero todos lo hacemos en mayor o menor medida. Reclamamos algo (o a alguien) como nuestro y ahí empiezan los problemas. En el caso de los objetos no se presentan demasiados porque los sufridos objetos no pueden responder, pero en el caso de las relaciones interpersonales sí se dan problemas de todo tipo.
Teniendo en cuenta esto tengo que reformular el segundo párrafo de esta entrada.
Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado soy muy posesivo y celoso en algunas parcelas, mientras que en otras lo soy muy poco o nada. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.
Sí, me gusta mucho más ahora; es más acorde con la realidad.
Así pues no es lo mismo una persona apegada que una persona posesiva. Sigamos.
Considero el apego como algo natural e inherente al ser humano. Es natural sentir inclinación hacia algunas cosas, especialmente si son obras hechas por nosotros. El apego es, en este sentido, el natural cariño o atracción que se siente ante algo o ante alguien, y que se puede canalizar de infinitas formas. En en ese proceso de canalización donde entran en juego la posesividad y muchos otros factores, y el que al final modela la relación.
Así pues, y como siempre, nuestras relaciones son responsabilidad nuestra de una manera muy íntima. Tenemos la capacidad iniciarlas, de acabarlas, de modelarlas como queramos, de profundizar en ellas o de dejarlas agostarse, de hacerlas crecer o de estrangularlas.
Ah, si tuviéramos la misma facilidad para practicar que para teorizar...
¿Cómo entendemos esto las personas? Mi respuesta es que tenemos una manera equivocada de afrontarlo gracias a un elemento común en nuestras relaciones: la posesión. El mío y el nuestro.
¿Y cuándo entra en juego la posesividad? No creo estar descubriendo América con esto, pero igualmente lo diré: las personas no somos posesivas con aquello que queramos o deseemos mucho sino con aquello que tememos perder. Puede parecer lo mismo pero no lo es. Lo repito: no se es posesivo con aquello que va a continuar ahí, sino con aquello que se considera que puede estar en peligro de desaparecer.
Es una manera algo retorcida de entender las relaciones, con los demás y con uno mismo, pero todos lo hacemos en mayor o menor medida. Reclamamos algo (o a alguien) como nuestro y ahí empiezan los problemas. En el caso de los objetos no se presentan demasiados porque los sufridos objetos no pueden responder, pero en el caso de las relaciones interpersonales sí se dan problemas de todo tipo.
Teniendo en cuenta esto tengo que reformular el segundo párrafo de esta entrada.
Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado soy muy posesivo y celoso en algunas parcelas, mientras que en otras lo soy muy poco o nada. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.
Sí, me gusta mucho más ahora; es más acorde con la realidad.
Así pues no es lo mismo una persona apegada que una persona posesiva. Sigamos.
Considero el apego como algo natural e inherente al ser humano. Es natural sentir inclinación hacia algunas cosas, especialmente si son obras hechas por nosotros. El apego es, en este sentido, el natural cariño o atracción que se siente ante algo o ante alguien, y que se puede canalizar de infinitas formas. En en ese proceso de canalización donde entran en juego la posesividad y muchos otros factores, y el que al final modela la relación.
Así pues, y como siempre, nuestras relaciones son responsabilidad nuestra de una manera muy íntima. Tenemos la capacidad iniciarlas, de acabarlas, de modelarlas como queramos, de profundizar en ellas o de dejarlas agostarse, de hacerlas crecer o de estrangularlas.
Ah, si tuviéramos la misma facilidad para practicar que para teorizar...
4 comentarios:
Me quedo con la frase: no es lo mismo una persona apegada que una persona posesiva.
Ahí le has dado.
Estoy de acuerdo en que no es lo mismo apego ni posesión, pero d ela misma manera en que estoy de acuerdo en que no es lo mismo apego que interés.
Creo que el apego es una característica en las relaciones, tanto personales como de otro tipo, que promueve diferentes comportamientos más allá de la posesividad.
Un ejemplo: yo puedo estar muy apegada a mi ciudad. No siento que "la posea", pero un gran apego, una sensación grande de identidad e intimidad pueden hacer que mi disposición a cambiar a un trabajo mejor pero en otra ciudad desaparezcan.
Y como comentaba en el post que escribí en mi blog, eso no es ni bueno ni malo para mí. Es una elección con concsecuencias distintas, que creo que se explican mejor en términos de las ventajas de la concentración y la profundización frente a las de dispersión y diversidad.
Lo que sí es malo es no saber adaptar tu elección a tus circunstancias externas y a tus prioridades internas. pero respetando eso, ambas elecciones son válidas. Y no creo que la posesividad sea el único elemento a tener en cuenta.
Imperator: Pues me quedé sorprendido al entrar en la RAE y ver la definición. Para mí apego y posesión eran sinónimos hasta ayer. Sorpresas te da la vida.
Rapun: Sin duda. El afán de posesión es solo un factor de tantos. Pero, aunque no sea el único, es importante.
Un ejemplo: yo puedo estar muy apegada a mi ciudad. No siento que "la posea", pero un gran apego, una sensación grande de identidad e intimidad pueden hacer que mi disposición a cambiar a un trabajo mejor pero en otra ciudad desaparezcan.
Desde luego, pero también es posible que no desaparezca. No se trata de dar con recetas universales para entablar relaciones, sino de un ejercicio que pueda dar algunas pistas interesantes.
Toda relación implica riesgo porque implica puertas abiertas y puentes, esto lo sabemos todos. Y todos escogemos qué puertas y qué puentes.
En el post que escribiste dices muchas cosas que creo acertadas, pero la que más es que se trata de tu elección, una elección lógica según tu experiencia. Eso es incontestable :)
Claro. Mi blog es mi punto de vista personal en este momento. No pretendo que sea universal :)
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